Reportajes

Selección de textos

 

Atrapados en un mar de héroes e irresponsables

Frente a las costas de Libia, un bote de madera lleno de migrantes, un barco de rescate y una zodiac. Es un rescate rutinario del Sea Watch 2, el buque de salvamento de la homónima ONG alemana. Desde el puente de mando, el capitán ve aproximarse a los guardacostas libios. Navegan muy rápido, directos hacia ellos, las proas de ambos navíos apuntan hacia el mismo rumbo. Pasan de largo. Por apenas unos centímetros, los barcos no colisionan.

Puedes leerlo entero en Atrapados en un mar de héroes e irresponsables. Publicado en euskera en Berria, el 18 de mayo de 2017.

Kobane, año 1 de la esperanza

La cronología de la batalla por Kobane, en Siria, fue avanzando cada día para poner a escasos metros a dos enemigos mortales. En septiembre de 2014 el Dáesh conquistó los pueblos de la zona y apuntó con tanques y artillería hacia la ciudad. Después, kilómetro a kilómetro, metro a metro, cercaron la ciudad. Llegó octubre y el Estado Islámico (EI) izó su bandera negra en una parte de Kobane. Los kurdos de Siria guardaban “la última bala para no dejar su vida en manos del enemigo”, explica Mustafá Abid, originario de la ciudad fronteriza con Turquía y que perdió a varios familiares en la batalla. Después de cuatro meses de asedio, el 26 de enero de 2015 la milicia de Kobane levantó el cerco. Y empezó la ofensiva para expulsar al Dáesh de la región de Rojava, el territorio kurdo en Siria. Un año después, la ciudad sigue desparramada por las calles, en toneladas de escombros. Sin suministro eléctrico ni agua en las casas, sus habitantes hacen un llamamiento internacional para la reconstrucción.

Puedes leerlo entero en Kobane, año 1 de la esperanza. Publicado en euskera en Berria, el 26 de enero de 2016.

 

Los desahuciados pegan la patada

Fotografía de Javi Julio.

Los desahuciados pegan la patada

Por el hueco de la escalera bajan las pisadas del vecino del 2ºF. Se acaba de despertar. Son las cinco de la mañana y va a buscar “pan reciclado” en la basura para los 30 apartamentos ocupados de un bloque de viviendas en Carabanchel, al sur de Madrid.
En los rellanos se empieza a componer la banda sonora del día: portazos, el perro del 2ºB, un bebé, etcétera. Alrededor de 50 personas se despiertan para pasar otro día sin agua corriente ni luz. Y con la incertidumbre de que pueden ser desalojados por la Policía en cualquier momento.
Desde Semana Santa, un edificio vacío de cinco plantas se ha transmutado en un refugio. La casa, bautizada como corrala la Charca, rompe con la estética de esa parte del barrio. Entre bloques humildes de dos alturas se levantaron dos torres de ladrillo visto, con piscina y zona de juegos.

Puedes leerlo entero en Los desahuciados pegan la patada. Publicado en Berria, el 22 de marzo de 2013.

 

Fotografía de Guillermo Rivas.

Fotografía de Guillermo Rivas.

El tesón antifranquista de Aquilino

Tras la segunda guerra mundial, el PCE encomendó a 30 hombres desembarcar en Asturias para sublevar a la población y forzar la intervención aliada. Uno de ellos, Aquilino Gómez, cuenta ahora por qué fracasó esa misión y las siguientes.

En el pequeño puerto de Lastres, en Asturias, la marea pugnaba con el Pourquoi-Pas?, un pesquero francés. A veces les zarandeaba cerca del espigón y otras les mandaba de vuelta a mar abierto. La nave, donde viajaban aproximadamente 30 milicianos del Partido Comunista de España (PCE), estaba a la deriva porque un cabo se había enganchado en la hélice. Si conseguían desembarcar, propagarían una nueva guerra contra Francisco Franco.

Aun así, en la madrugada del 28 de enero de 1946, el último combate por España estaba secuestrado por una cuerda suelta.

Puedes leerlo entero en El tesón antifranquista de Aquilino.

El grito que nadie quiso escuchar

Fotografía de Guillermo Rivas.

El grito que nadie quiso escuchar

Gervasio Sánchez acusa a El País de ocultar desde 2005 la tortura en Irak por parte de soldados españoles

Flayeh al Mayali estuvo tres días en la base española de Diwaniya, en Irak, “con una capucha en la cabeza y las manos atadas. Indefenso, los soldados del cuartel le pegaron jornada tras jornada. No le permitieron dormir”, recuerda el fotoperiodista Gervasio Sánchez, en una conversación en Burgos el domingo pasado. Había sido detenido el 22 de marzo de 2004.

El Ministerio de Defensa le acusaba de ser “colaborador necesario” en la emboscada donde murieron siete agentes del Centro Nacional de Inteligencia (CNI). El servicio de espionaje difundió entre los medios la sospecha de que Al Mayali era culpable porque, de repente, tenía mucho dinero y alguien le había escuchado enorgullecerse del atentado.

Puedes leerlo entero en El grito que nadie quiso escuchar.

Álvaro Alguero en Madrid. 23f. Fotografía de Javi Julio

Álvaro Alguero en Madrid. 23f. Fotografía de Javi Julio.

Del encierro en Mequinenza a los vítores de Madrid

El minero Álvaro Alguero salió de las entrañas de Mequinenza (Aragón) el 18 de febrero. Tenía los ojos cansados de mirar el subsuelo y el cuerpo frío y aterido por la humedad, del 90 por ciento. Había vivido doce días acuartelado bajo la superficie, en el mismo túnel donde entra desde que es mayor de edad, hace 18 años. Reclamaba, junto con otros cuatro compañeros, su derecho a trabajar. Cuando volvieron a ver el sol, cantaron a Santa Bárbara, patrona de los mineros: todo el pueblo estaba saboreando una victoria en la boca del pozo Europa.

Esa misma mañana, un grupo de mineros había entrado en la excavación y había hecho sonar las bocinas de sus vehículos. Traían buenas noticias del exterior. El Ministerio de Industria obligaba a la central térmica de la zona, propiedad de Endesa, a comprar el carbón que ellos extraen. La mina, pegada a la frontera con Lleida, quizá tenga futuro. A pesar de llevar dos meses parada, en el pueblo recuerdan con orgullo que desde 1880 han alimentado las fábricas del cinturón industrial de Barcelona.

Puedes leerlo entero en Del encierro en Mequinenza a los vítores de Madrid. Publicado en Vice, el 1 de marzo de 2013.

El mensajero de Kodro en la guerra

El periodista Ramón Lobo conoció en Mostar a la familia del txuri-urdin y fue ‘cartero’ entre ambos

En la Guerra de los Balcanes, Ramón Lobo, periodista de El País, sorteaba los controles militares hablando sobre fútbol. Para cruzar Bosnia, por ejemplo, un territorio dividido en pequeños grupos étnicos, un mapa “moteado, como la piel de un leopardo”, según explica, podía encontrarse con tres ejércitos distintos: “Era mejor intentar simpatizar con ellos”.

Así, si los soldados de la barricada empezaban a ponerse nerviosos, Lobo miraba en los distintivos de sus uniformes a qué país defendían e improvisaba una charla deportiva: “Ante las tropas serbias me declaraba hincha del Atlético de Madrid, entrenado por Radomir Antic; frente a los croatas, seguidor de Prosinecki. Y en los controles de la Armija, las tropas bosnias, el salvoconducto era Meho Kodro, que jugaba en la Real Sociedad desde 1991”. Por eso, el periodista explica en el libro El autoestopista de Grozni (Libros del KO) que saber de fútbol “no es embrutecedor o inteligente, es solo un conocimiento útil, una herramienta de trabajo”. Porque, justifica, crea “amistades súbitas y las rompe, agiliza trámites y los empantana”.

Lobo volvió a citar el nombre de Kodro en Mostar (Bosnia), en 1993, la ciudad donde creció el exfutbolista txuri-urdin. Allí conoció a unos familiares del delantero que sobrevivían en la parte este de la ciudad, la musulmana: “Ante ellos presumí de sabiduría futbolística sin saber quiénes eran”, narra el periodista, y, por eso, le pidieron un favor: que entregase unas cartas para Kodro.

Puedes leerlo entero en El mensajero de Kodro en la guerra (PDF). Publicado en Noticias de Gipuzkoa el 13 de agosto de 2012. Este texto también formó parte del número 9 (noviembre) de la revista Quality Sport.


Los herederos del mundo

Kim Manresa expone en Aiete 50 fotografías para reflexionar sobre el acceso a la educación de los niños

El fotógrafo Kim Manresa (Barcelona, 1961) ha recorrido medio mundo guiado por su cámara para conocer las historias de sus habitantes. Así, sus ojos han documentado la ablación en Burkina Faso, la prostitución infantil en Brasil, las consecuencias de la guerra en Mitrovica, Ramallah, Diyarbakir, etcétera. Su trabajo para el periódico La Vanguardia le ha puesto en la piel de quienes sufren los dramas de esta generación. Gracias a esto, ve un mundo que cada vez va peor, donde la globalización “ha creado paraísos fiscales y desigualdades. Pero no sirve para ayudar a los niños”, argumenta Manresa. Y, de esta forma, el fotógrafo se pregunta: “¿Qué herencia les vamos a dejar?”. Por esta razón, siempre que tiene un rato libre en sus viajes, se acerca a una escuela para conocer a los niños de esos pueblos, a los herederos de la sociedad. En ese espacio, Manresa se ha encontrado con unos estudiantes “agradecidos por tener un bolígrafo para escribir”, y con su cámara ha ido registrando durante siete años (del 2000 al 2007) esas miradas. El resultado son 50 fotografías reunidas en la exposición Escuelas de otros mundos, que se puede visitar hasta el 29 de abril en el Centro Cultural de Aiete.

En los encuadres del fotógrafo catalán destacan las miradas de los niños, a través de las cuales se trasparenta el contexto en el que viven. Un chico de Maputo (Mozambique) que recorre 10 kilómetros para ir a la escuela, sonríe con los labios y la mirada. En el momento de la toma, Manresa le había dicho “te cambio mi cámara por tu libro de enseñanza Vamos a aprender”, y él no quiso. “El chico entendía que la cámara de fotos no le garantizaba el futuro, y ese cuaderno de ejercicios, sí”. De igual forma, en un colegio de Sabadell, en la otra punta del planeta, una niña china se incorpora orgullosa sobre su pupitre cuando el profesor pronuncia su nombre, el primer día de clase. “La familia de esa chica son emigrantes de una zona rural de China” –explica el fotógrafo– “y han tenido la suerte de darle una educación a su hija en Catalunya. Y ella sabe que es una privilegiada, un sentimiento que sus compañeros puede que no comprendan”.

Puedes leerlo entero en Los herederos del mundo (PDF). Publicado en Noticias de Gipuzkoa el 23 de abril de 2012.

Fotografías de Guillermo Rivas Pacheco

Fotografías de Guillermo Rivas Pacheco.

El caballito pace en una tierra hueca

En 1963 el petróleo brotó hasta la superficie por primera vez en España. Era un charco de crudo en un patatal entre Ayoluengo y Sargentes de la Lora (Burgos), dos pueblos separados por un kilómetro escaso. Un año después, el 6 de junio de 1964, esa mancha de oro negro se convirtió en un pozo de extracción, el número uno, que escupió 6.000 litros de combustible. La alegría tomó el pueblo. Una luz cálida dibujaba el futuro de la comarca de Páramos, una tierra a 1.031 metros sobre el nivel del mar, donde la vida es dura debido al frío intenso y al viento tenaz. La noticia corrió de boca en boca. Saltó desde los labios del millar de vecinos hasta caer en el paladar de todo el país. Y, desde ahí, la palabra sedujo a ingleses y americanos. Durante ese año, la carretera que asciende desde Sedano a Sargentes de la Lora se llenó de autoridades.
En noviembre llegaron los reyes de España y los periodistas del No-Do y la radio. El tono remilgado y pomposo de los medios del régimen franquista vendían el hallazgo con patriotismo. Incluso, en la Bolsa de Madrid, Campsa -dueña del 50% del negocio- suspendió su cotización para lograr más inversión por parte de sus accionistas. La curvas del camino hasta los campos de extracción, perfiladas por el río Rudrón, afluente del Ebro, vieron pasar a los americanos de Amospain, filial de Standard Oil y Texaco. Los mensajes desde la empresa eran de optimismo y la dictadura lo vendía como el paso hacia la independencia económica.

Puedes leerlo entero en El caballito pace en una tierra hueca . El reportaje fue publicado hace tres años en el blog colectivo Sin Futuro y sin un duro.

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