Los herederos del mundo

Kim Manresa expone en Aiete 50 fotografías para reflexionar sobre el acceso a la educación de los niños

El fotógrafo Kim Manresa (Barcelona, 1961) ha recorrido medio mundo guiado por su cámara para conocer las historias de sus habitantes. Así, sus ojos han documentado la ablación en Burkina Faso, la prostitución infantil en Brasil, las consecuencias de la guerra en Mitrovica, Ramallah, Diyarbakir, etcétera. Su trabajo para el periódico La Vanguardia le ha puesto en la piel de quienes sufren los dramas de esta generación. Gracias a esto, ve un mundo que cada vez va peor, donde la globalización “ha creado paraísos fiscales y desigualdades. Pero no sirve para ayudar a los niños”, argumenta Manresa. Y, de esta forma, el fotógrafo se pregunta: “¿Qué herencia les vamos a dejar?”. Por esta razón, siempre que tiene un rato libre en sus viajes, se acerca a una escuela para conocer a los niños de esos pueblos, a los herederos de la sociedad. En ese espacio, Manresa se ha encontrado con unos estudiantes “agradecidos por tener un bolígrafo para escribir”, y con su cámara ha ido registrando durante siete años (del 2000 al 2007) esas miradas. El resultado son 50 fotografías reunidas en la exposición Escuelas de otros mundos, que se puede visitar hasta el 29 de abril en el Centro Cultural de Aiete.

En los encuadres del fotógrafo catalán destacan las miradas de los niños, a través de las cuales se trasparenta el contexto en el que viven. Un chico de Maputo (Mozambique) que recorre 10 kilómetros para ir a la escuela, sonríe con los labios y la mirada. En el momento de la toma, Manresa le había dicho “te cambio mi cámara por tu libro de enseñanza Vamos a aprender”, y él no quiso. “El chico entendía que la cámara de fotos no le garantizaba el futuro, y ese cuaderno de ejercicios, sí”. De igual forma, en un colegio de Sabadell, en la otra punta del planeta, una niña china se incorpora orgullosa sobre su pupitre cuando el profesor pronuncia su nombre, el primer día de clase. “La familia de esa chica son emigrantes de una zona rural de China” –explica el fotógrafo– “y han tenido la suerte de darle una educación a su hija en Catalunya. Y ella sabe que es una privilegiada, un sentimiento que sus compañeros puede que no comprendan”.

La chica de Sabadell, acompañada por sus compañeros de clase, contrasta con la fotografía de un niño de Lalibela (Etiopía). Él está solo en el aula con el profesor porque es el único chico que tiene el privilegio de asistir al colegio. La comunidad le ha elegido para que herede los conocimientos y la cultura de la tribu. En cambio, “el resto de niños tienen que sobrevivir y por eso van a trabajar desde pequeños”, explica Manresa. “Si fuese una sociedad próspera, como la occidental, todos los jóvenes irían al colegio. En cambio, en nuestro entorno, los padre y los hijos se han olvidado de lo importante que es una escuela, un bolígrafo o un libro”. Así, de esta forma, las instantáneas de Manresa también se detienen en las miradas de los alumnos que desde cualquier parte del mundo interpelan a la sociedad.

Por ejemplo, en los ojos de dos chicos de Copán (Honduras) se ve el hambre: su vista está perdida. Esos ojos que se fugan del aula conectan, sobre todo, con los niños, como explica el fotoperiodista: “Ellos son los destinatarios de esta exposición, porque quiero que aprendan a valorar la educación que reciben. Por esta razón he diseñado una muestra fotográfica suave, donde la violencia que existe en el entorno de las escuelas no se percibe, no es explícita. Así los chicos pueden centrarse en el mensaje y no salir asustados de la exposición”.

La escuela como herramienta

Entre las 50 fotografías de la muestra también destacan las que recorren zonas del mundo en tensión permanente, como Palestina, los Balcanes y el Kurdistán. En ese ambiente, las escuelas son oasis, una herramienta “para que una generación que ha nacido entre el odio hacia el vecino, como en Ramala, crezca cultivando una semilla que sea la paz”, argumenta el fotoperiodista. Así, en Mitrovica (Kosovo), una ciudad dividida entre albaneses y serbios, Manresa capta en una imagen el abrazo entre dos amigos en el colegio, que representan, según sus palabras, “la reconciliación que muchas veces llega a través de los niños que crecen en paz”.

De la misma manera habla de Euskal Herria, de su pasado y de su futuro, porque la exposición Escuelas de otros mundos se muestra en Centro Cultural de Aiete, junto al palacio donde hace seis meses se celebró la Conferencia Internacional de Paz. Manresa opina que “los colegios del País Vasco servirán como herramienta de respeto, de reconciliación, para que los hijos sean capaces de pasar página respecto al enfrentamiento entre los padres. Aun así, a pesar de que el tiempo borrará las heridas, la sociedad vasca no puede perder la memoria”, sentencia.

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