El refugiado sin pasado

Ahmed vivó varias semanas en este barracón con otras tres personas. Fotografía: Daniel Rivas

Ahmed llegó solo a Grecia y apenas recuerda nada de su vida anterior

Ahmed mira siempre de medio lado, como si fuera un tiburón. Cuando alguien le pregunta por el nombre de su madre, se agarra la cabeza con las dos manos y, acto seguido, se golpea. No es capaz de responder. Otra pregunta: “¿Quién te dio el dinero para venir hasta Europa?”. Piensa, no lo recuerda, y se aprieta la frente como si tuviera migrañas.

Es inútil seguir con el interrogatorio. Lo único evidente es lo que se ve: es un hombre de unos 45 años que desembarcó en la isla griega de Quíos con otras decenas de personas a mediados de enero.

Sus primeros días en Europa, durmió en una tienda de campaña en la playa. Ahí lo encontró Esther Medina, médico voluntario de la ONG Salvamento Marítimo Humanitario. Había recorrido el campo de Souda preguntando a los refugiados por el ciego. Estaba detrás de su pista porque la noche en que Ahmed llegó se dio cuenta de que algo no iba bien

“Tiene un traumatismo craneoencefálico severo, alteración de las funciones mentales superiores, amnesia parcial y es incapaz de crear nueva memoria”, enumera la voluntaria.

Y con este cuadro médico, Ahmed tuvo que convertir una tienda de campaña es su nuevo hogar.

La realidad le llevaba la contraria al ministro de Inmigración Yiannis Mouzalas, quien había dicho unos días antes que ya no quedaban “refugiados o inmigrantes viviendo a la intemperie”.

Para instalarse, le ayudaron unos argelinos, sus vecinos, cuando se dieron cuenta de que apenas veía: “Posee un 5% de visión en un ojo y, un 10% en el otro”, explica Medina.

La médico de SMH y su traductor, Abdullah Alkiem, dieron el siguiente paso. Había que sacarle de la tienda de campaña. Consultaron con WAHA, una de las organizaciones médicas que trabajan en el campo: “Dijeron que Ahmed mentía en las entrevistas psicológicas”, explica Medina. “Y si le hubiéramos llevado donde Acnur, y hubieran reconocido la vulnerabilidad, le habrían enviado solo a una habitación de hotel”, narra.

Por eso, Alkiem, enfermero de profesión y refugiado, se ofreció a darle cobijo en el contenedor en el que vivía.

Allí reanudaron el interrogatorio. En árabe, con la traducción de los presentes, intentaban responder a las incógnitas del caso: ¿de dónde viene?, ¿quién es?, ¿cómo consiguió llegar solo hasta Europa? Y Ahmed se esforzaba por responder, se agarraba la sien con las dos manos: es de Mosul, Irak; trabajó en un supermercado, tiene un hermano y una madre; sufrió un accidente de coche y estuvo dos meses en coma.

“Ni siquiera recuerda si sus familiares están vivos ni los nombres. Unos amigos debieron ayudarle a venir a Turquía y después a Grecia, pero no lo sabe. Además no lleva documentación. Parece que se cayó al mar”, narra Medina.

Tras las preguntas, pedía que pararan porque le dolía la cabeza. Estaba exhausto. Se quedaba en silencio y se recostaba en el camastro y dormía.

En medio de la noche, Ahmed se despertaba. “Pensaba que era por la mañana, no recordaba si había comido o no y pedía que le acompañáramos al baño porque temía perderse. Después casi cada día se ponía a cantar”, enumera su compañero de caravana.

Fuera de ese espacio, a Ahmed le costaba repetir las rutas de sus trayectos diarios. Si se quedaba solo y tenía que volver a su habitáculo, se desorientaba. Las tiendas, con lonas blancas de Acnur; los contenedores, del mismo color, todos en fila, eran un laberinto para él. Alkiem tenía que estar siempre pendiente.

La médico y el traductor, con la poca información que tenían del paciente, acudieron al hospital para hacerle un escáner y obtener un diagnóstico. Las pruebas confirmaron que había sufrido una intervención en el cráneo y había un cuerpo extraño que afectaba al cerebelo. El psicólogo del centro también afianzó la teoría: mentalmente, es como un crío de 5 años.

Las evidencias médicas ayudaron a mejorar las condiciones de vida de Ahmed. Easo, la Oficina Europea de Apoyo al Asilo (por sus siglas en inglés); y Acnur decidieron otorgarle un apartamento para vivir. Pero no puede manejarse solo: Alkiem fue autorizado para mudarse con él. El refugiado de Mosul recibió también una cita preferente en Atenas para tramitar sus papeles en Europa.

Hasta que eso ocurra, Alkiem, un joven sirio de 26 años, cuida del iraquí: un dependiente total de unos 45 años. “Tengo que hacerle la comida, ayudarle a vestirse, vigilarle cuando salimos de casa, etc. Por ejemplo, si vamos al campo, a Souda, debo acompañarle de vuelta a nuestro apartamento porque no puede aprenderse el camino”, enumera el enfermero.

La rutina ha hecho compañeros a dos desconocidos. Aunque su cercanía no ha conseguido recuperar los recuerdos de Ahmed. Todavía se agarra la cabeza con las dos manos cuando alguien le pregunta por su pasado. Aun así a veces, sin esfuerzo, algún rasgo de la persona que fue se escapa entre lo cotidiano. “Un día fuimos al hospital para hacerle más pruebas”, explica la médico de SMH, “y en la sala de espera había una familia que hablaba farsi. Ahmed empezó a dialogar con ellos con naturalidad”, narra.

No sería inusual que un iraquí de Mosul hablara la lengua del país vecino, Irán. Pero el misterio del lenguaje va más allá con Ahmed. Por ejemplo, repentinamente es capaz de enumerar palabras en cinco o seis idiomas distintos. Lo hace con orgullo, como un alarde de su mente. Y su historia se descuadra otra vez porque no parece lógico que un trabajador de supermercado sepa decir perro, mar o amigo en ruso, farsi, inglés, francés, turco y árabe.

Ahmed y Alkiem llevan ya cuatro meses viviendo juntos en Quíos. Ambos tienen permiso para viajar a Atenas. Aunque todavía las autoridades no han fijado fecha para ello.

El futuro en Europa de ambos sigue siendo muy complejo. Sin el enfermero, su cuidador personal, el iraquí sería internado en una institución mental griega. En cambio, acompañado por él, podría ir a un centro de día y pasar el resto del tiempo en un apartamento normal. “Pero Alkiem, por mucho que sea sanitario, sabe entonces que el resto de su vida tiene que cuidar de Ahmed”, concluye Medina.

El reportaje fue publicado originalmente en euskera el día 20 de junio en Berria.

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